Análisis de Batman: Arkham Origins

Sobre la mesa todas las piezas encajan, tenemos una ciudad modelada, a los villanos que la pueblan, las animaciones y las dinámicas listas. También tenemos al héroe, a sus herramientas y habilidades. Pero sobre todo, tenemos una base sobre la que construir la tercera entrega de una serie que se ha ganado el nombre a pulso. Algo así debieron de pensar en Warner cuando se encontraron con una Rocksteady que se bajaba del carro a no ser que la esperaran hasta 2013. No estaban dispuestos a ceder, la franquicia debía morir con la generación. Además, pocas veces un equipo tendrá la suerte de trabajar con algo tan sólido como en esta ocasión. No debería de ser un problema construir un producto que esté, al menos, a la altura de sus predecesores. Con el tiempo llegaron malas noticias como la desvinculación de Paul Dini como guionista, o la de Mark Hamill como actor de doblaje de Joker. Pero el proyecto tenía que seguír adelante, sí o sí, y el peso de la responsabilidad recaía sobre Warner Montréal, que ya había tratado con la versión de Batman: Arkham City para Wii U.

El guion no obedece al arco de un cómic en concreto, picotea aquí y allá de los clásicos autoconclusivos sobre el origen de Batman, que es el planteamiento desde el que parte la historia. Las obras de Miller y Moore se dejan ver en alguna ocasión, incrustadas con más o menos gracia en un guion que no destaca por su originalidad. Volver a revivir los instantes traumáticos del Bruce Wayne niño presenciando la muerte de sus padres o las riñas iniciales entre Alfred y el Caballero Oscuro acaba aburriendo y molestando a la vigésimoquinta vez, más aún sabiendo que tienen acceso a un universo tan rico como es el de Batman, en el que existen tantas tramas bien hiladas entre las que poder escoger. Algo más selectos han sido a la hora de escoger a los villanos a los que nos enfrentamos. Una selección de algunos de los que menos imprenta han tenido en el recorrido del caballero negro, con la curiosa transmutación de Copperhead (un hombre-serpiente en cualquier historieta en la que aparece) en una prototípica villana con curvas que recuerda más a Catwoman que al enemigo que encarna, y la de Alfred, nuestro otrora carismático mayordomo en un traficante cubano genérico de Scarface.

Aún así, en principio, no todo está perdido. La historia puede ser recurrente y los villanos no tan carismáticos como nos gustaría, pero el juego en acción puede ser una experiencia satisfactoria. O no. Volver a ponerse los guantes de héroe cuesta algo de trabajo. Hay que recordar muchas cosas, y que el juego dé por supuesto que lo haces es un error de los de catálogo. Desde el minuto uno nos encontramos con un Batman equipado hasta los dientes con unos cacharros que no se nos enseñan a usar como es debido. Algo que nos lleva a cuestionarnos por qué se nos da casi todo el equipamiento desde el principio, cuando uno de los mayores alicientes en un juego con un alto grado de exploración como es éste, es desbloquear poco a poco las herramientas que nos dan acceso a partes del mapa a las que no podríamos acceder sin ellas. La única razón que encuentro es el querer dar más libertad de acción al jugador desde un primer momento, y poder empezar a explotar el sistema de coleccionables implementado. El problema en este caso es que como jugador no tengo muy claro qué debería de hacer, ni cual es la importancia de cada una de las acciones que puedo llevar a cabo.

Origins revoluciona la mecánica del coleccionable introduciendo el metacoleccionable, objetivos que desbloquearán más objetivos aún. Como bombas racimo llenas de bombas racimo. El mayor culpable de esto es Enigma, que ha vuelto a sembrar la ciudad con sus acertijos, pero no esperéis la brillantez de los puzles que vimos en Asylum y City. Nos encontramos ante el Enigma becario, muy por debajo de las habilidades de su yo del futuro. En la mayor parte de las ocasiones las soluciones son tan evidentes que acabarán haciendo que nos preguntemos por qué perdemos el tiempo resolviéndolos, y qué ganamos una vez los completemos. Afortunadamente el resto de misiones secundarias aportan mucho más, destacando las investigaciones sobre el campo, que se llevan el minipunto a la innovación del juego. Incomprensiblemente éstas llegan hacia el final del juego, bastante tarde, aunque abren un abanico de alternativas que nos hacen seguir con más fuerzas.

Fuerzas que flaquearan de nuevo paulatinamente. Al parecer la práctica totalidad de los ajustes realizados en las mecánicas que hereda Origins han salido escaldadas. El ritmo en los combates se ha roto, los enemigos no dejan espacio a nuestros dedos para que decidan qué combo usar y se abalanzan sobre nosotros sin dejar espacio a la libertad de elección. Y aunque conserven la misma esencia, esas luchas que tanto disfruté y que parecián orquestadas se han quedado en otra parte. Pero hay muchas más cosas que se han quedado en el limbo: extrañas cornisas no homologadas para nuestro batgancho, conversaciones que se repiten una y otra vez, diálogos de un mismo personaje que se superponen y otras tantas más que restarán credibilidad a la ambientación poco a poco.

Muchos dirán que no hay que evaluar un juego basado como parte de una serie sino como un producto individual, y estoy de acuerdo con ellos, pero el caso que nos ocupa es peculiar. Batman: Arkham Origins es un ejercicio ecologista que demuestra que se puede producir un juego completo reciclando otros. Uno de esos trabajos de instituto que se hacen corriendo a última hora, copiando y pegando Wikipedia (o Encarta, para los de los 90) y cambiando cuatro palabras para intentar colársela al profe de turno. Y lo peor de todo no es que sea copiado, sino la falta de atención al detalle que vemos continuamente. Y a ratos parece que la cosa no está tan mal, se deja jugar más por inercia que por motivación, pero al final se acaba cayendo. Y a estas alturas de la generación, con tanto por jugar antes de que nos pille el toro de la siguiente, no apetece gastar esfuerzos innecesarios. Ojalá hubieran esperado a Rocksteady.

About

Categories: juegos accion, videojuegos