Análisis de Resogun

Estas Navidades acudí a una tienda a comprar una PlayStation 4. Tras una larga cola, típica de estas fechas tan señaladas, el dependiente me preguntó amablemente si querría algún juego para estrenarla. Le dije que no, porque del catálogo de lanzamiento de la consola ninguno me llamaba suficiente la atención. El chico se extrañó y frunció el ceño; fue entonces cuando le argumenté que por ahora iba a tirar de PlayStation Plus, y más concretamente, de Resogun. Sí, yo también habría hecho ese gesto si alguien me dice que va a estrenar su consola de nueva generación con un juego descargable de 15€ que no llega a ocupar el medio giga. Supongo que fui un cliente atípico, con unas ideas en la cabeza bastante claras y que no se llevó bajo el brazo ningún juego “top”, como puede ser Killzone: Shadow Fall o NBA 2K14. Yo quería ponerle las manos encima a lo nuevo de los finlandeses Housemarque; Dead Nation y Outland me dejaron muy buen sabor de boca. Mi primera experiencia con Resogun tuvo lugar en el stand de Sony de la Madrid Games Week. Fue fugaz, precipitado y hasta confuso, pero lo suficiente como para tenerlo grabado en la retina y desear dedicarle más tiempo cuando gozara de mejor ocasión.
No veo a Resogun como un shmup al uso, como puede ser Ikaruga, Raiden o los que hace Cave; guarda un componente conceptual importante con Geometry Wars (que Dios tenga en su gloria a Bizarre Creations). Nos sitúa en un entorno circular donde nos desplazamos a izquierda y a derecha topándonos con elementos por doquier: naves, barreras, elementos fijos, disparos, y un sinfín de cosas que hará que estemos al borde de la epilepsia con la cantidad de luces y de colorines que hay.
Resogun es un juego en el que durante las primeras horas no se observa todo el potencial que aguarda; acabas disparando a lo loco y seguramente sin reparar en otros agentes importantes, como el acelerón o la sobrecarga. En partidas sucesivas ya se empieza a notar hasta qué punto es importante manejar todos los controles de la nave, e incluso cómo de a gusto nos sentimos con cada uno de los tres tipos. Un número escaso quizás, pero es que no necesitamos más. Elegir una u otra depende de cómo queramos abordar la partida: si más a la defensiva, con acelerones; más ofensiva, con descargas; o con un termino medio entre las dos. En el primer nivel de dificultad, Novato, es un paseo militar, mientras que en Experimentado es donde poco a poco empezamos a tener un desafío. La curva de dificultad crece progresivamente a la vez que le vamos cogiendo la onda al sistema de juego; son dos curvas que van en paralelo. En Veterano directamente es otro mundo y ni que hablar en Maestro, maestro como los cracks de la empresa de cerrajeros Valencia.

Como arcade que es, bebe mucho de la puntuación y del ensayo y error. Este último componente es el eterno tópico de amarlo u odiarlo, puesto que a veces puede resultar tedioso volver a repetir lo mismo y volver a morir en el mismo sitio. Pero como comenté al principio, la dificultad también crece con haber adquirido habilidad, y a pesar de repetir esas mismas fases, uno acaba sabiéndoselas de memoria, lo que nos da cierta ventaja. Esto unido a que los niveles no son largos ofrece un plus en volver a intentarlo. Es un juego que se disfruta mucho cuando has mejorado tu propia puntuación, y más si has rebasado la de algún amigo. El sistema de ranking está tan integrado que antes de entrar en una determinada fase aparece la clasificación de puntuación. Para que sepas la que te espera.

Pero sobre todo me he divertido muchísimo cuando empieza a ser una empresa complicada, y para ello uno mismo también ha de haber mejorado. Por ejemplo, cuando te persiguen 50 naves a ambos lados de la pantalla y has de hacerte un hueco para salir del atolladero para luego disparar a los que te persiguen, o a esquivar los láseres de las naves y jefes para encontrar el sitio y obtener un buen tiro. Es un juego bien ajustado al perfil del jugador.
Resogun también tiene sus puntos de flaqueza y éstos hacen que piense que el juego queda ligeramente por encima de la demo técnica. Me hubiera gustado que las fases no estuvieran cortadas con el mismo patrón. Por ejemplo, en todas ellas se pueden rescatar a humanos que nos ofrecen power ups extras, pero la forma de recuperarlos es la misma de principio a fin; creo que los chicos de Housemarque podrían haber abierto un poco más la mano en esta materia. Por el contrario, el diseño de los enemigos es tan variado que consigue tapar estas carencias y que semejante idea se esfume de mi cabeza.
He tenido la oportunidad de probarlo en Remote Play y no lo recomiendo. Se pierde muchísimo al no jugar a los 60 de frames que ofrece PS4, sino a 30 en el mejor de los casos y teniendo una buena conexión Wifi. Por no hablar de que se pierde cierta latencia que, pese a ser de unas milésimas de segundo, es suficiente como para no jugar cómodo. Te hace el apaño, sí, pero es como conducir un Ferrari con las ruedas de un 600. Cabe mencionar que es algo inherente al Remote Play y no un problema de adaptación; está claro que en este tipo de juegos que demandan rapidez de reflejos no ofrece una experiencia plena.
Housemarque ha desarrollado un juego que es como ese sofá supercómodo del que cuesta levantarse. Una vez metido en esa melodía de disparos, explosiones, bombas, acelerones, sobrecargas y música a lo Tron, Resogun resulta ser pura droga para nuestra mente en un género, desgraciadamente, casi extinto y de nicho, pero que gracias a ser una de las cartas de presentación de la consola de Sony, dará a conocer este tipo de juegos a un público mayor. Nunca pienses “una más y me voy”, porque sabes que habrá más de una, y que no será la última. Es uno de los mejores juegos con los que estrenar una PlayStation 4 y apuesto a que, si lo hubiera probado aquel dependiente, no me habría mirado tan raro.

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Categories: videojuegos