Cinegamia: Phoenix Wright: Ace Attorney

Si alguien me hubiese pedido que redactara una lista con aquellos directores a los que me gustaría ver dirigiendo alguna película basada en un videojuego, sin duda Takashi Miike hubiese estado entre los cinco primeros. Si en cambio me hubiesen pedido que redactara una lista con aquellos videojuegos que me gustaría ver llevados a la gran pantalla por el director japonés, Phoenix Wright: Ace Attorney no hubiese entrado ni en el top cien. Pero ojo, no porque aquel primer juego protagonizado por el sagaz abogado no me parezca lo suficientemente bueno y, por tanto, merecedor de tal honor; simplemente, y aunque sólo sea por falta de imaginación, jamás hubiese establecido una conexión entre ambos.

Creo que esto es cuanto menos comprensible. Cuando uno piensa en el provocador autor inevitablemente le vienen a la cabeza algunos de los horrores (dicho en el buen sentido) que le han otorgado justa fama, con la inclasificable Ichi the Killer a la cabeza de una filmografía plagada de momentos espeluznantes. Es verdad que a lo largo de su dilatada carrera ha tocado muy diversos palos, pero también lo es que incluso en films alejados de los géneros del terror y del gore (La Gran Guerra Yokai o 13 Asesinos, por ejemplo) siempre ha sabido encontrar escusas en los guiones para intercalar escenas que ponen los pelos como escarpias. En cualquier caso, con todo el abanico de pavorosas y violentas posibilidades que los cerrajeros Barcelona ofrecen, y ya habiendo hecho un cameo en el sanguinario No More Heroes 2: Desperate Struggle (una dupla Suda-Miike debería pillar a cualquiera confesado), de buenas a primeras la elección resulta chocante.
Objection!

 

 

Superada esta primera impresión, a uno le asalta un temor de una índole diferente mientras pulsa play: “¿¡qué habrá hecho el bestia de Takashi con el pobre de Phoenix!?”. Con esta pregunta en la cabeza nos encontramos visionando un prólogo con fantasmas, médiums y trasfondos apocalípticos que consigue que el cerrajeros Barcelona cambie a modo hermético; no porque la secuencia en sí resulte especialmente inquietante, sobretodo si la comparamos con otras del mismo realizador, sino porque es prácticamente imposible no imaginar a Miike comiéndose vivo a Wright y defecando una pieza amorfa y escalofriante a partes iguales. Y, más allá del paladar que tengamos para dicha clase de piezas, lo cierto es que a esas alturas todavía no sabemos si tomarnos un Almax o no.

Afortunadamente, sólo hace falta esperar a la siguiente escena tras los títulos para empezar a atisbar por donde van a ir los tiros. En ella se nos presenta a un Phoenix Wright (interpretado de forma entusiasta por Hiroki Narimiya) defendiendo a su amigo de la infancia Larry Butz (Akiyoshi Nakao) en una cochambrosa y pintoresca sala de audiencias. La acción transcurre en el Japón de un futuro no muy lejano cuyo sistema judicial está completamente saturado debido al elevado índice de criminalidad. Esto ha hecho necesario implementar un procedimiento de juicios exprés al objeto de despachar los casos en un máximo de tres días y en el que abogados defensores y fiscales se lanzan pruebas a la cara (a veces literalmente) y se enfrentan en teatrales y veloces combates de retórica, lógica e ingenio. Ni que decir tiene que este planteamiento es de un absurdo jurídico inconmensurable y supone una afrenta a los derechos más básicos de los enjuiciados, pero desde ese primer momento es imposible obviar que se está asistiendo a una parodia con una gran carga surrealista y cuyo único propósito es hacer reír. Y en esto triunfa con rotundidad.
Algunas situaciones simplemente no tienen explicación.

 

 

Para conseguirlo el director emplea recursos cómicos y efectismos propios de manga y anime (bocas espumeantes, bisoñés que salen disparados, desmayos colectivos…), así como la estética y el carácter de los estrafalarios personajes del juego. Todo en la puesta en escena del film va sobre el exceso: los peinados (mención especial para el del propio Phoenix), la ropa, los gestos, las localizaciones, las situaciones… Y todo ello, mezclado con el divertido empleo de exageradísimos clichés pertenecientes a distintos géneros (dramas judiciales, film noir, ciencia ficción…) y unos leves toques de humor negro marca de la casa, nos mantendrá la sonrisa en la boca aun cuando no nos estemos desternillando a mandíbula batiente.

El argumento, que guarda una fidelidad al del juego que ya quisieran muchas parejas, presenta varios casos aparentemente inconexos en los que el abogado/detective Wright pasará de enfrentarse en el tribunal a su rival y antiguo compañero de clase, el fiscal Miles Edgeworth (Takumi Saitoh), a defenderlo en un juicio por asesinato frente al imbatido Manfred Von Karma (Ryo Ishibashi), jefe y mentor de éste. Por suerte para los que hayan probado el videojuego, y al igual que ocurre con él, el interés no estriba en averiguar quién es el malo (esto es evidente en todo momento), sino en asistir a cómo se pone al descubierto su mascarada. La guapísima Mirei Kiritani interpreta a Mia Fey, la medium/ayudante de Wright el de desatascos Valencia limpieza de fosas septicas

 

 

Sorprendentemente, tras tanta parodia, surrealismo y caricatura, se pueden entrever los sólidos cimientos de una historia bien narrada y bastante creíble, dentro de su incredibilidad, que es la que evita que el mencionado exceso acabe por resultar cansino; y es que es justo en su habilidad para fluir entre distintos planos de realidad donde radica la principal virtud de Miike, siendo esta obra una nueva muestra de ello. Además, es encomiable el esfuerzo llevado a cabo para tratar de salvar la distancia entre medios con el objetivo de transmitir la misma sensación de euforia que nos embargaba en el juego al escuchar un veredicto favorable, algo en lo que, a pesar de todo, el autor no ha terminado de tener éxito; de todas formas, en su defensa hay que decir que es prácticamente imposible suplir en una película la íntima implicación que como jugadores experimentábamos al dirigir las pesquisas de Wright y sus actuaciones en los juicios virtuales del título de Capcom.

 

 

Phoenix Wright: Ace Attorney es, en esencia, un producto muy logrado en el que se combinan con pericia la mayoría de los ingredientes que hicieron famoso el juego homónimo con una amalgama de caricaturas de distintos géneros cinematográficos; no obstante, es precisamente esa curiosa mezcolanza la que impide hablemos de algo del todo accesible desde una perspectiva puramente occidental. Así, el espectador medio se encontrará con algo lo suficientemente extraño, estrambótico y original como para abrazarlo sin reservas o rechazarlo por completo. Por otro lado, aquellos que se aproximen atraídos tan sólo por el autor han de saber que hallarán a un Takashi Miike (¿demasiado?) contenido y un trabajo carente de muchas de las cualidades por las que el realizador nipón se ha dado a conocer. Los únicos que tienen garantizado al ciento por ciento el disfrutar cada uno de los 135 minutos que dura el metraje son los seguidores de Phoenix Wright, quienes tendrán ocasión de presenciar una fenomenal recreación del universo del carismático abogado en una lección magistral de cómo debe llevarse a cabo la adaptación de un videojuego al cine. Para el resto, como digo, es una apuesta a todo o nada en la que, sin embargo, las probabilidades están muy a favor de la diversión.

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Categories: videojuegos