Análisis de Prince of Persia: The Shadow and The Flame

Quienes crecimos con el primer Prince of Persia puede que seamos especialmente criticones con la saga. Tampoco nos pueden tildar de catastrofistas ya que hablamos de una auténtica montaña rusa en títulos que han ido desde éxitos medianamente contenidos a agotar la saga por repetición. Ubisoft anunciaba hace unos meses la salida –al menos por el momento– de The Shadow and the Flame para iOS y Android. El ánimo se nos venía un poco abajo ya que muchos dábamos por hecho que se trataría de un título para Steam, Xbox Live o PSN, pero los sucesivos diarios de desarrollo del estudio de India parecían demostrar una magnífica calidad técnica –sobresaliente en el apartado visual– y de control que justificaban su salida en dispositivos táctiles.

 

 

El principal escollo de este remake es la portabilidad tan, digamos, explícita que se efectúa entre plataformas con sistemas tan distintos en su interacción con el juego. Me explico. Aquí nos topamos con un The Shadow and the Flame idéntico al título que años atrás veía la luz en MS-DOS; misma experiencia, grueso de la ventura, historia –elementos que poco importan conociendo su entretenimiento y retos– pero también con aquel control. Lejos de readaptar éste a una plataforma que nada tiene que ver con el control físico de antaño, Ubisoft India crea unos muy recurridos controles físicos virtuales que dividen la pantalla en dos partes; mitad izquierda para el movimiento del personaje y mitad derecha para el combate. Siendo un género con fuerte arraigo en las plataformas, el control táctil –que creo debe ser lo más preciso posible para evitar ciertos achaques– resulta altamente irregular. No por falta de empeño de sus desarrolladores, sino por limitaciones de la tecnología a la que se traslada el título. Es una carencia importante que se extrapola también a unos combates que lejos de potenciarse a través de elementos táctiles –añadiendo armas especiales o elementos que permitan mayor interacción con la pantalla más o menos como los servicios de camion cuba desatascos Barcelona– se limitan a cubrirnos y contraatacar de forma casi automática. El que en apariencia es un buen sistema de combos termina convirtiéndose en un espejismo al observar que pulsando de forma sistemática y alocada la pantalla conseguimos el mismo resultado. Ni tan si quiera los enemigos reciclados consiguen salvar de la quema el mismo patrón de combate que se repite una y otra vez desde que empezamos la aventura. Aunque en sí los adversarios cambian –desde humanos a esqueletos, pasando por cabezas voladoras– sus movimientos y ataques son idénticos. Solo en momentos muy puntuales, poco antes de terminar los grandes actos que conectan escenarios, experimentamos cierta variedad en un combate que, si bien sigue siendo el mismo, consigue ofrecer algo distinto gracias a las trampas que nos acechan durante la pelea.

 

 

PoP

 

Despojando al título de todo lo anterior queda poco más que el esqueleto de las plataformas. Es aquí cuando el título demuestra quién es y por qué resultó ser un referente en su tiempo. A las clásicas baldosas interruptor y falsos suelos se han añadido una serie de trampas –las conocidas hojas que salen de la pared, u otras nuevas como los muros correderos– que añaden un nivel de dificultad que se daba casi por perdido. En algunos momentos incluso la cantidad de trampas e interruptores a evitar pueden suponer un verdadero reto, pero aparecen de forma muy esporádica. Por desgracia las limitaciones que el control táctil ofrece por naturaleza acortan el margen de maniobra y al final pecan de una alarmante falta de variedad. La carga que supone dicho control se hace todavía más evidente con los mencionados muros que buscan emparedarnos, ya que en trampas así la precisión que mencionaba resulta vital y en más de una ocasión el control juega una mala pasada.

 

 

Ajeno a su vertiente clásica y purista el juego posee una serie de añadidos como, entre otros, el sistema de logros. The Shadow and the Flame cuenta con una gran cantidad de zonas escondidas que invitan a explorar cada rincón y a frustrarnos con repetidas muertes ante trampas inesperadas, consiguiendo así la ansiada rejugabilidad que parecen buscar todos los estudios. Con el descubrimiento de cerrajeros Barcelona de estos lugares inexplorados conseguiremos desbloquear una serie logros –otros tantos quedan atados a la propia aventura y combates– o hacernos con pequeños botines para intercambiar en una tienda virtual a la que se puede acceder en todo momento. En ésta podemos conseguir pociones, combos, arcas secretas o espadas conocidas de anteriores entregas. La oportunidad está ahí y Ubisoft se aprovecha de ella para implementar el ya habitual sistema de micropagos para que el jugador, siempre que lo desee y sin que eso repercuta a la aventura, pueda pagar con dinero real y hacerse con ciertas mejoras.

Finalmente y tras unas horas medianamente entretenidas el regusto que nos deja es el de un título que parece quedarse en tierra de nadie. Su interacción táctil con el entorno queda reducida a emular un control físico que puede resultar muy molesto en dispositivos de menos de siete pulgadas, lo que casi le deja como única alternativa el mercado de tabletas. Teniendo en cuenta esto y viendo su nula capacidad para aprovechar los recursos de este mercado, cuesta creer que un juego así no haya salido en PC y consolas donde seguramente, tanto por el tipo de partidas como por género, encajaría mejor. No obstante se agradece una propuesta con un nivel de detalle en sus escenarios tan loable, pero en esta ocasión al menos vale más el envoltorio que el propio regalo

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Categories: juegos accion, videojuegos