Quetzalcóatl agradeció el gesto de bondad, pero respondió que él no comía zacate. Según Fray Bernardino, la penitencia culminó a medianoche. Entonces, levantó al conejo muy alto, hasta la Luna, donde su figura quedó grabada para siempre. -le hizo la pregunta Kukulkán al conejo. De pronto, a su lado apareció un conejo que buscaba algo para cenar. Pero siguió caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomó en los cielos. Hay una leyenda maya que intenta explicar porque si miras atentamente la luna puedes ver la forma de un conejo. Entonces reposó a la orilla del sendero y, se encontraba ahí descansando, cuando vio a un conejito que había salido a cenar. Guardar mi nombre, correo electrónico y web en este navegador para la próxima vez que comente. Al preguntar quiénes se ofrecían, el dios rico Tecuzitecatl fue el primero en responder. Sin embargo, faltaba uno, por lo que eligieron a Nanahuatzin, un dios pobre. ¿Estás pensando visitar Nuevo León y no tienes ni idea de por dónde empezar? El buboso (de nombre Nanauatzin), ofrecía cañas verdes, bolas de heno, espinas de maguey cubiertas con su sangre, y en lugar de copal, ofrecía las postillas de sus bubas.”, cuenta el relato. “Después del nombramiento, los dos comenzaron a hacer penitencia y a elevar oraciones. Tu dirección de correo electrónico no será publicada. ¿Quieres un poco? Todo el mundo se ha de acordar de ti, te lo mereces por ser tan bueno. A lo largo y ancho del país, pequeñas y grandes comunidades, crean con sus manos, auténticas... Muchos afirman que Taxco es un destino perfecto para ir en familia, pero ¿realmente es opción... ¡Hola! Antes de que hubiese día, los dioses se reunieron en Teotihuacán para elegir al Quinto Sol que alumbra nuestra era actual. — ¿Qué comes?, — le preguntó el dios bueno y bondadoso. — Yo no soy más que un conejillo, pero, si tienes hambre, cómeme, aquí estoy —. La leyenda dice así: Kukulkán (la serpiente emplumada), el dios grande y bueno, salió a viajar una vez por el planeta, en forma de hombre. Sin embargo, Quetzalcóatl siguió su peregrinar hasta que las estrellas y la Luna comenzaron a brillar. Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Entonces el dios, enternecido, acarició al conejito y le dijo: – Tú no vas a ser más que un conejito, pero todo el mundo se acordará de ti por siempre. Luego el dios lo bajó a la tierra y le dijo: -Ahí tienes tu retrato en luz, para que todos los hombres en todos los tiempos logren verte. Al fuego también entro un águila que se quemó ( por eso el color moreno de sus alas) y un tigre que salió manchado de blanco y negro. ¿Cómo fue que su figura quedó grabada para la eternidad? Leyenda del Callejón del Beso del Estado de Guanajuato, Cárceles y prisiones que sí valen la pena visitar, Leyenda de Oaxaca: la carreta de la muerte, Aokighara: el bosque de los suicidios de Japón, Savannah, la ciudad con más fantasmas en Estados Unidos. Después, el dios mexica lo bajó nuevamente a la tierra y le dijo: — Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos —. Así es como nació otra leyenda del conejo en la Luna. Los campos obligatorios están marcados con *. Copyright © 2017 - Travel Comunicación Online, Símbolos patrios de México: cuáles son y qué significan, Los Niños Héroes, su historia y biografías. -¿Qué estás comiendo? — Un poco de zacate, ¿quieres?, — respondió el conejo. -Estoy comiendo zacate (hierba) – respondió éste. Como había recorrido todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. El corazón del dios fue conmovido y con toda autoridad le dio el don que da origen a la mítica leyenda del conejo en la Luna. Buscó un remanso en la orilla del camino. El Conejo de la Luna. Todo el mundo se ha de acordar de ti, te lo mereces por ser tan bueno. Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Como había recorrido todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. Después, encendieron y ordenaron que el dios rico se lanzara al fuego. Sigue leyendo y descubre una de las leyendas mexicas más bellas, que explican el vínculo que existe entre un conejo (animal sagrado que representa a la nobleza, la fertilidad y el pulque) y la Luna. Con una caricia de amor, Quetzalcóatl le dijo que no volvería a ser un conejillo más. Pero, uno de los presentes arrojó un conejo a la cara del dios rico y de esa manera le disminuyó su brillo. La leyenda dice así: Kukulkán (la serpiente emplumada), el dios grande y bueno, salió a viajar una vez por el planeta, en forma de hombre. Tocó el turno a Nanahuatzin, quien cerró los ojos y se arrojó inmediatamente. ¿Fue Quetzalcóatl el responsable de que veamos un conejo en la Luna? Lo intentó cuatro veces. “Los dioses se sentaron entonces a esperar de qué parte saldría Nanauatzin; miraron hacia Oriente y vieron salir el Sol muy colorado; no le podían mirar y echaba rayos por todas partes. Por lo que el animal blanco le preguntó qué haría para saciar su hambre: La respuesta del hombre fue, “tal vez morir de hambre y sed”. La obra también cuenta que, al principio, los dos dioses resplandecían por igual. De acuerdo con la obra Historia general de las cosas de la Nueva España, escrita por Fray Bernardino de Sahagún, entre 1540 y 1585, poco después de la Conquista de México, el origen de la leyenda del conejo en la Luna surgió en Teotihuacán. El corazón del dios fue conmovido y con toda autoridad le dio el don que da origen a la mítica leyenda del conejo en la Luna. Entre las leyendas mexicas se cuenta que un día, Quetzalcóatl encarnó en un hombre para poder viajar por el mundo. Hay una leyenda maya que intenta explicar porque si miras atentamente la luna puedes ver la forma de un conejo. Después de caminar todo un día, la fatiga y el hambre se apoderaron de él cuando el Sol comenzó a ocultarse. La acción fue imitada por su contrincante. El dios rico ofreció plumas valiosas de un ave que llamaban quetzal, pelotas de oro, piedras preciosas, coral e incienso de copal. El conejito, triste, se acercó a Kukulkán y le dijo: -Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí. Él tuvo miedo. Volvieron a mirar hacia Oriente y vieron salir la Luna.”. Con una caricia de amor, Quetzalcóatl le dijo que no volvería a ser un conejillo más.
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